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“¿Quieres darlo todo por Venezuela?”

He notado con particularidad, las reacciones diversas, que han tenido algunas personas cercanas a mí (familiares y amigos), con respecto a los diferentes acontecimientos que vienen ocurriendo en nuestro país. Y lo interesante es que me permitió analizar, que tan difícil resulta para el ser humano desprenderse del Ego, cuando se trata de situaciones tan adversas y con tantos matices como las actuales.

Pero para compartirles mi punto de vista y lo que para mí (es decir en mi opinión y perspectiva), está agravando nuestra situación como ciudadanos, me voy a tomar la libertad de explicar algunos conceptos, tanto del Ego como de sus necesidades.

Empecemos por aclarar que el Ego (Yo como ser o individuo independiente de otro), no es un término fácil de definir ni de comprender, de hecho existen muchas definiciones y acepciones con respecto al Ego, pasando por las antropológicas, psicológicas y por supuesto filosóficas. Sin embargo tomemos el aspecto psicológico del Ego y según la definición de Wikipedia, entendamos qué significa. “El ego se define como la unidad dinámica que constituye el individuo consciente de su propia identidad y de su relación con el medio; es, pues, el punto de referencia de todos los fenómenos físicos, psíquicos y sexuales”. Por otra parte, desde el punto de vista filosófico y espiritual, se puede definir al Ego como la creencia de que nuestra existencia solo se limita a nuestros 5 sentidos, mente e intelecto, y a la manera en que nos identificamos con cada uno de estos, en sus diversos grados, separados de nuestra esencia y conciencia espiritual.

En pocas palabras, cuando el Ego es quien domina todo nuestro ser, y no damos cabida a nuestra totalidad consciente (razón y espíritu), podemos vernos inmersos en pensamientos, emociones y acciones bastante radicales, sectarias e intransigentes. El Ego debería ser un referente que opere y trabaje en nuestro servicio, es decir, que al utilizar herramientas de crecimiento y aprendizaje, nos permita avanzar y evolucionar hacia otro nivel de consciencia. Entendiendo que funcionamos como un ser completo e integral, y no dividido en partes independientes. Mi consciencia racional y mi consciencia espiritual, son lo que conforman mi Ser, mi entidad y la una siempre estará unida a la otra, sin importar si las distinguimos o reconocemos. Cuando actúo sólo haciéndome consciente de mi referente lógico-racional (es decir lo que soy capaz de percibir físicamente, analíticamente y racionalmente), estoy desconociendo una parte innegable dentro de mí, ya que mi espíritu (alma, fuente o superioridad) es indivisible e inseparable de mi cuerpo o mente.

Una vez aclarado este punto, vale la pena analizar, lo que Anthony Robbins definió como la teoría de las necesidades humanas, la cual construyó a partir de la teoría de Abraham Maslow. Robbins explica que el ser humano enfrenta a lo largo de su vida, la necesidad de satisfacer 6 aspectos fundamentales y espirituales, por eso las divide en 2 grupos. Las 4 primeras conformarían las necesidades fundamentales y estas son: SEGURIDAD (Control) VARIEDAD (Incertidumbre) IMPORTANCIA (Reconocimiento) AMOR (Conexión), estas 4 necesidades pueden implicar acciones con impactos positivos o negativos, ya que la persona actúa en consecuencia de un estímulo o deseo que requiere satisfacerse, y en este punto no se toman en consideración las consecuencias o efectos que mis acciones producen en otros. Por otra parte están las 2 necesidades superiores o espirituales, que son: CRECIMIENTO (Desarrollo) y CONTRIBUCIÓN (Generosidad). Cuando el ser humano se enfoca o da mayor énfasis a las dos últimas necesidades, por asociación las otras 4 resultan satisfechas y pierden el impacto negativo, para pasar a ser necesidades plenas y totalmente positivas. Yo particularmente, llamo a las necesidades fundamentales, las necesidades del Ego, ya que cuando me vuelvo no consciente de que mi necesidad de Importancia, Variedad, Seguridad o Amor, puede desencadenar circunstancias o situaciones que afectan a terceros, no estoy reconociendo al otro como mi igual, no reconozco derechos, ni tampoco le doy valor a sus sentimientos o pensamientos, y es en este punto donde pierdo mi conexión con el otro, dejo de aceptarlo y respetarlo como mi igual.

Ahora bien, una vez entendido que el Ego no funcional, nos lleva a no distinguir a nuestros semejantes, y que nuestras necesidades fundamentales si no son administradas correctamente, pueden tener consecuencias o efectos negativos, que luego nos van a salpicar y pasar factura, podemos ver el panorama con mayor amplitud y balance, y no desde la ranura de una cerradura.

Cuando mi postura o visión, no acepta criterios en contrario, opiniones diversas y hasta críticas, no soy capaz de aceptar la convivencia equilibrada. Cada comentario u opinión que reciba, se transformará en un ataque, ofensa o agresión hacia mí, por consiguiente mis reacciones irán en función de protegerme, defenderme y contratacar. Y esto nos conducirá a que la acción no cese y que no se llegue a un acuerdo, puesto que cada uno estará ubicado en su esquina, ajustando sus guantes para atestar el siguiente golpe. Ahora pregunto, ¿Quién gana en estas confrontaciones? Pues por asombroso que les parezca, nadie gana y todos pierden. ¿Por qué lo sé? Porque también estuve en ese lado del cuadrilátero, también fui presa la mayor parte de mi vida del Ego desmedido, también era sectaria y radical de pensamiento lineal, también viví con las necesidades fundamentales controlando mis acciones, sin importar las consecuencias, con la frase mal aplicada de “yo soy responsable de lo que digo y no de lo que los demás entiendan”. Y hasta cierto punto esa frase es cierta, Yo como individuo, soy solo capaz de administrar mis emociones, pensamientos y sentimientos, no puedo administrar y mucho menos controlar los de otro ser humano, como tampoco soy responsable de la emoción o sentimiento que otro decida sentir, sin embargo, si internamente percibo o siento, que un comentario o acción es ejercido con la intención de lastimar, dañar o perjudicar a otro, me obliga a justificarlo para darle validez, entonces debo hacerme responsable de ello y asumir con valentía las consecuencias que de allí se deriven.

He visto en las diferentes redes sociales, como la intolerancia, radicalismo y resentimiento se hacen virales, como personas dulces de carácter, gentiles y amorosas, se han desplegado en comentarios alienados de odio, venganza y rencor. Enarbolando esos comentarios con videos y fotos, que permitan justificarlos, y mostrar a los demás cuánta razón tienen de opinar y actuar como lo están haciendo. En mi apreciación, cuando una opinión o acción es legítima en mí, no necesito justificarla ante nadie, no necesito aprobación o entendimiento, porque existe un equilibrio y balance en aquello que pienso, digo y hago, sin embargo cuando me veo en la necesidad de justificar y buscar aprobación, consenso o apoyo en un tercero, quiere decir que en mí hay disonancia, es decir, una no correspondencia entre lo que estoy pensando, diciendo y haciendo, por ello inconscientemente busco la legitimidad a través de la aprobación o acuerdo de un tercero, para tratar de validar en mí lo que crea conflicto interno. Desafortunadamente los seres humanos, por la complejidad que nos caracteriza, no nos damos cuenta, que no va a importar realmente, cuanto apoyo, aprobación o consenso recibamos, siempre existirá esa disonancia, siempre habrá un ruido silente, que no nos dejará avanzar, siempre habrá un sentimiento de duda que se asomará para recordarnos que algo no está en equilibrio.

Si queremos realmente transformar y cambiar nuestro país, y lo que hasta ahora no ha sido sino un confrontamiento permanente entre, radicalismos de un lado y otro, es imperativo buscar el crecimiento y la evolución. No puedo reconstruir una sociedad herida y lastimada, hiriendo y lastimando más, justificándome en que me agredieron y por tanto tengo derecho a agredir, es como justificar a una víctima de violación a que ahora viole a otro ser, aduciendo que es su derecho por la agresión que recibió primero. ¿Cómo evolucionamos como sociedad, si no somos capaces de aprender de nuestros errores? ¿Cómo reconstruimos nuestro país, si no somos capaces de perdonar y aceptar al otro que piensa distinto? ¿Cómo podemos decir que somos mejores, si criticamos y juzgamos al otro por no pensar igual a mí; y además terminamos actuando de la misma manera, que lo que hemos condenado en él? ¿Cómo podemos pretender paz, pidiendo guerra, venganza y retaliación? ¿Si nuestras creencias espirituales o religiosas hablan de perdón, reconciliación y amor, dónde está mi congruencia de vivir cada día abrazando esa filosofía? Fácil de entender y difícil de aplicar, definitivamente por esta razón, personajes como Ghandi, Teresa de Calcuta, Luther King, Mandela, entre otros no abundan en el mundo, porque no es nada fácil aprender a administrar el Ego en nuestro favor, para que no controle y domine nuestra vida.

Cuando veo opiniones de diferentes personas con respecto a la situación actual de nuestro país, llamando a la conciliación, al entendimiento y a la no intolerancia, he observado con curiosidad, como comienzan a llover comentarios bastante particulares etiquetando a esas personas, de tibios, indolentes, indiferentes, ridículos, vendidos, enemigos disfrazados, vives en una burbuja, anda con tu discursito de Ghandi a otra parte y otros adjetivos no gratos, por la sencilla razón de no pensar igual, por no opinar de la misma forma y por apostar al entendimiento, la paz y reconciliación.

Lo que más me ha llamado la atención en este comportamiento, es que se agudiza en las personas que se encuentran fuera de nuestro país, es decir, personas que no están viviendo la situación actual físicamente, son las más afectadas psicológica y emocionalmente, manteniéndose en vigilia constante ante cada imagen, video y comentario que surge, sobre los hechos y acontecimientos de Venezuela; exigiendo una participación más activa por parte de aquellos que sí vivimos físicamente en el país. Es como si tuvieran un coctel de emociones encontradas, pasando por la culpa, rabia, impotencia y frustración, y como si existiera una necesidad de justificar la ausencia, colocando imágenes, fotos y comentarios fuertes, para evitar ser juzgados por no estar presentes (esto es una apreciación personal), lo que les lleva a ser en ocasiones intolerantes y hasta hirientes, con aquellos que enfrentan activamente o no la situación, concuerdan o no con sus puntos de vista, condenándolos y emitiendo juicios de si son menos venezolanos, por no participar activamente y mantenerse prudentes en los acontecimientos (ojo: aclaro el aspecto de que las personas que emigraron, están en su total derecho de hacerlo y sus razones, son muy personales, válidas y respetables, y eso no le resta valor a su gentilicio o derechos). Toda esta situación la cual, nos guste o no, escapa de nuestro control y capacidad de solución inmediata, ha generado una especie de síndrome, en aquellos que no están físicamente presente, exacerbando su impotencia y frustración, provocando como resultado emociones de furia y rabia, que luego se transforman en sentimientos de odio y resentimiento, la cual al final los va a mortificar, restándoles calidad de vida y lo más importante, su paz, tranquilidad y felicidad; ahora bien, antes de que me digan que un síndrome es una enfermedad y que estoy diciendo que esas personas son enfermos, les invito a leer la definición de la RAE de la palabra con su segunda acepción, para evitar confusión y malos entendidos. Síndrome: es un conjunto de signos o fenómenos reveladores de una situación, generalmente negativa. Y por qué una situación negativa, porque el resultado de esas manifestaciones emocionales, van a producir efectos psicológicos y biológicos en quien las siente.

Estoy completamente clara, de que cada persona es libre de enfocar su tiempo, interés y energía en aquello que le parezca, le genere bienestar o no, sin embargo lo que si es necesario para la equilibrada y ordenada convivencia dentro de una sociedad, es que exista respeto y tolerancia entre cada uno de sus integrantes, ya que de lo contrario el único imperativo es la anarquía, y la historia bien que nos ha enseñado claramente, los negativos y perjudiciales resultados que ésta produce. Por eso sentí la necesidad de escribir estas líneas, porque debe existir un momento de reflexión y calma, entre tanta hostilidad y presión de la que nos hemos hecho parte. Nada positivo y duradero lograremos, si peleamos entre nosotros (venezolano contra venezolano), si nos agredimos, sembrando resentimiento y discordia, al final todos sin excepción perderemos y la gran sacrificada siempre será Venezuela.

Yo apostaré a la conciliación, al reconocimiento del otro, a la tolerancia, al respeto, a la evolución y al crecimiento, a la generosidad y contribución, ¿Por qué? Porque ya estuve del otro lado, porque entendí que el sectarismo e inflexibilidad son enemigos del cambio y el desarrollo, creo que la situación que vivimos demuestra claramente mi punto. No podemos construir un país, con la misma receta que lo llevó al caos y crisis socio-política. Es necesario cambiar, evolucionar, crecer y reconocer. La persona que contribuirá a esa Venezuela soñada, no está en la pantalla del tarjetón electoral, no es el dirigente político, no es quien desfila en un partido, no es el alcalde, ni el gobernador, no es el presidente de la junta vecinal, ni siquiera es nuestro familiar, esa persona la vemos reflejada en nuestro espejo cada mañana, porque solo cada uno de nosotros, dentro o fuera de Venezuela, nacido o nacionalizado, rojo azul o multicolor, hombre o mujer, religioso o ateo, rico o pobre, somos responsables de nuestro destino, de nuestra realidad, de nuestro futuro. Si hoy no tenemos el resultado que queremos, es porque no somos todavía aquello que deseamos. Transformémonos en lo que deseamos, vivamos desde esa realidad aunque no lo sea aún, comportémonos como los mejores ciudadanos del mundo, no criticando, juzgando y condenando al otro, sino siendo responsables de lo único que podemos controlar, nuestro Ego. Tengamos presente que un gobierno cambia y se agota, pero nuestros seres queridos siempre lo serán, ¿realmente vale la pena perdernos en una competencia absurda por tener la razón, vivir en el orgullo, la intransigencia e intolerancia? ¿O será, que sí soy capaz de aplicar la empatía y congruencia, y vivir desde mi consciencia espiritual, dándome el permiso de aceptar al otro tal como es?

Me voy a tomar el atrevimiento de recomendar por este medio, dos espectaculares autores, que creo son importantes y necesarios para analizar en esta coyuntura por la que atravesamos, uno es Viktor Frankl autor del libro “El hombre en busca de sentido” y el segundo Miguel Angel Ruíz autor del libro “Los Cuatro Acuerdos”, ambos autores nos comparten extraordinarias e imperdibles enseñanzas a través de sus narraciones. Para finalizar solo puedo decir que en lugar de preocuparnos por lo que recibiremos, debemos ocuparnos por lo que damos, porque eso será lo que llegará en abundancia a nuestra vida. Cuidemos nuestras palabras, pensamientos y acciones, porque pasarán a ser hechos en nuestra vida. ¿Realmente estás dispuesto a darlo todo por Venezuela? Entonces no esperes más, ella solo necesita que seamos la mejor versión de nosotros mismos, y comienza con un primer paso: ¡Tu responsabilidad de cambiar!

Adriana Maldonado

Consultora Directora

e-mail: adrianamaldonado@zomoz360.com

twitter: @360mars – @Adra_Maldonado

Web: www.zomoz360.com


 

Adriana Maldonado

Consultora Directora de MARS 360° CONSULTORES, C.A. Directora del Eje de Imagen Corporativa, Capacitadora y Consultora Especialista en las área de Imagen Corporativa, ATC y Negocios. Editora de la revista "360° de Visión Empresarial".

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