“… se encontraba el señor Smith, observando lánguido y triste la tumba de su amada esposa. Pensaba una y otra vez, como había transcurrido tan rápido el tiempo, recordaba el día en que la conoció, cuando nació su único hijo, apenas fue ayer pensaba para sí, repasaba uno a uno los recuerdos que venían a su mente. 

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"¡Oh! Pobre Sr. Smith"

“… se encontraba el señor Smith, observando lánguido y triste la tumba de su amada esposa. Pensaba una y otra vez, como había transcurrido tan rápido el tiempo, recordaba el día en que la conoció, cuando nació su único hijo, apenas fue ayer pensaba para sí, repasaba uno a uno los recuerdos que venían a su mente. 

      Recordó como tristemente ya no se hablaba con su hijo, aquel hijo al que nunca le expresó amor, cariño y ternura, aquel con el que nunca tuvo tiempo de jugar, al que no abrazaba, porque sólo tenía tiempo para trabajar, creyendo que solo necesitaba el buen ejemplo de la educación, el trabajo y la honestidad. El sr. Smith, vivió su vida entregado a su intelecto, su trabajo y a los extraños, pero nunca jamás a su familia. Siempre se preocupó por demostrar a todos, lo brillante y competente que podía llegar a ser, y lo muy incansable, honesto y dedicado trabajador que era. Pasaba la mayor parte de su tiempo formándose académicamente para luego formar a otros, insistía en que la gente perdía el tiempo en cursilerías, romanticismos y sensiblerías, en lugar de estudiar y aprender un oficio digno. A su esposa nunca le regaló flores, nunca la llevó a cenar, nunca le dedicó un poco de su tiempo para conversar con ella, nunca se interesó por lo que hacía o pensaba, ni mucho menos por lo que sentía. Hoy no sólo se encontraba frente a la tumba de su esposa, sino que se encontraba frente a su realidad, una triste y dolorosa verdad que al pensar en ella, le arrancó por primera vez desde que era un niño, una lágrima. Al sentir esa lágrima en su cara se dio cuenta de que nunca había sido capaz de expresar abiertamente sus sentimientos, nunca había llorado o demostrado dolor, nunca había sentido compasión o tristeza, ya que esos siempre les parecieron sentimientos cursis y una gran pérdida de tiempo. Justo hoy en ese cementerio, entendió que había desperdiciado toda una vida de emociones sinceras, que le había robado a su esposa, a su hijo y a él mismo, una vida llena de felicidad y amor. Su cobardía y miedos disfrazados de sabiduría, inteligencia y fortaleza, le habían impedido disfrutar del maravilloso regalo de sentir sincera y libremente. Al pensar en todo lo que había dejado de hacer y dar a quienes más amaba,  el Sr. Smith lloró amarga y tristemente; y sólo en el instante en que percibió su realidad y se encontró en ese cementerio sin nadie más a su alrededor, pudo comprender que así sería el resto de la vida que le quedaba. Ya no habría más tiempo, de nada servían ya los reconocimientos, premios y logros alcanzados, al fin y al cabo, los únicos seres que realmente importaban, no estaban a su lado para compartir su vida. Deseó morir, maldijo su egoísmo y falta de afecto, se encontraba lleno de arrepentimiento e impotencia, tenía que haber muerto él y no ella, se decía una y otra vez. Pero ya nada importaba, porque el tiempo que ya pasó jamás se podrá recuperar. Cuando al fin logró calmarse y volver en sí, el sr. Smith colocó el ramo de rosas blancas en la lápida, y un nuevo pensamiento vino a su mente, comprendió que las flores que por años le negó a su esposa, se las entregaba ahora, justo cuando ella jamás podría apreciarlas. El sr. Smith se alejó lentamente, mirando hacia atrás una y otra vez, como queriendo cambiar el pasado; luego miró hacia adelante y se topó de frente con su soledad, remordimiento y tristeza, esos, desde ahora, serían sus compañeros inseparables. ¡Oh! Pobre sr. Smith, siempre con tanta gente a su alrededor y ahora en completa soledad.”

    Esta fábula descrita anteriormente, la cual cada quien podrá interpretar a su manera, tiene como puntos principales el tiempo perdido y la poca habilidad de un individuo para desarrollar su inteligencia emocional. Es innegable que el tiempo actúa como un juez implacable en nuestras vidas, enseñándonos de la forma más cruel, que aquello que no fuimos capaces de luchar, apreciar o valorar, solo nos llenará de arrepentimiento y frustración.

      Probablemente en nuestro entorno haya muchos señores Smith (ya sean hombres o mujeres), personas que creen tener todo el tiempo del mundo, que viven la vida queriendo ser importantes, reconocidos y alabados por su sapiencia y habilidades; sin embargo no hacen equilibrio en su educación emocional. Por tanto pasan la vida, creyendo que el intelecto lo es todo, que la parte racional del ser es la única que importa, que no es necesario cultivar y desarrollar las emociones. Tristemente estas personas (que luego se reproducen), crian hijos castrados emocionalmente, con problemas de autoestima y sin autoconfianza.  Imagínese un padre que le dice a un hijo cuando viene a abrazarlo “Los hombres no se abrazan ni se besan” o una niña que le dice a su madre que sueña con ser presidenta de su país, y ésta le responde irónicamente: “Jajaja! Y de dónde sacaste esa ridícula idea, para ser Presidente hay que ser rico y tú no eres ni serás rica, además eres mujer y aquí nunca ha habido una mujer presidente”. Inconscientemente le transmitimos a nuestros hijos miedos y temores, que poco a poco minarán y socavarán su autoestima, haciéndolos personas inseguras, desconfiadas e infelices.

      Si no entendemos que debe haber un equilibrio entre nuestra razón y nuestra emoción, nunca seremos personas equilibradas y felices. Debemos cultivar ambos elementos proporcionalmente, según el que tengamos menos desarrollado. Nuestro cerebro funciona con tres niveles a los que se denomina Cerebro Triuno, y que se subdividen en: 

  • Cerebro o Sistema Reptiliano esta parte del cerebro (considerada la zona más antigua, localizada en la parte baja y trasera del cráneo), es la encargada de regular nuestros instintos básicos y emociones primarias, es reactivo, y actúa en base a lo conocido; algunas de las funciones que controla son: hambre, sueño, deseos sexuales, temperatura, etc. 
  • Sistema Límbico: es conocido como el sistema de las emociones (ubicado en la zona del hipocampo y amígdala), cumple una función trascendente en cuanto al aprendizaje y a la memoria. Es el encargado de regular la expresión de nuestras emociones y memoria emocional. Su funcionamiento es no consciente.
  • Neo Córtex o Cerebro Pensante: se le conoce como la sede del pensamiento y funciones cognitivas más elevadas, (es considerada la zona más reciente en la evolución del pensamiento y está ubicado en ambos hemisferios); es el encargado de controlar conscientemente nuestras emociones. Los hemisferios se dividen en izquierdo y derecho, y cada uno cumple funciones distintas.  En el hemisferio izquierdo se desarrolla el pensamiento lógico, las habilidades lingüísticas, matemáticas y racionales; es en éste hemisferio que se concentra el pensamiento analítico, lógico, realista, razonador y verbal. En el hemisferio derecho se desarrollan las habilidades sensitivas, artísticas, de orientación espacial, procesa la información de forma holística. Establece la conexión con la creatividad, el arte y la música. En éste hemisferio el tipo de pensamiento es intuitivo, difuso, creativo y holístico.

      Una persona que sólo desarrolla su hemisferio izquierdo, es decir se centra en el razonamiento lógico, muy probablemente mantendrá distancia de sus emociones, ejercerá un excesivo control sobre su sistema límbico, lo que le impedirá desarrollar una vida afectiva feliz y balanceada, tal como el Sr. Smith. Mientras que un individuo que sólo desarrolla su hemisferio derecho, actuará en base a impulsos y reacciones meramente emotivas, impidiéndole a la función analítica del neo córtex intervenir y actuar.

    Esto nos permite comprender con mayor profundidad, la necesidad que tenemos los seres humanos de equilibrar nuestro pensamiento, razonamiento lógico y emociones, para que así podamos mantener una vida en balance, ser más felices y alcanzar nuestros sueños. Sólo desarrollando un pensamiento equilibrado lograremos trascender hacia nuestro propósito. 

    Los tipos de pensamientos que usted se dedique a sembrar y cultivar, serán los que determinarán sus resultados. Evidentemente si desea ser alguien exitoso, confiado, amado y feliz, debe sembrar en su mente pensamientos positivos y enriquecedores, pensamientos que lo empoderen, que lo eleven y hagan un ganador, de lo contrario los resultados que tendrá a lo largo de su vida, muy seguramente estarán llenos de frustración, amargura y fracasos.

      La mayoría de las personas inconscientemente, se dedica a pensar en aquellas cosas negativas y pesimistas, que lo alejarán irremediablemente del éxito y la felicidad. Por consecuencia, si usted desea obtener resultados diferentes, dedique su tiempo a pensar en grande, a pensar en lo bueno, lo imposible, lo extraordinario. Si usted enseña a su mente a que crea que puede, ella le conducirá a crear las oportunidades que necesita para lograr sus objetivos, recuerde que todas las historias de éxitos, comenzaron con un pensamiento, alguien que soñó, luego creyó que podría y finalmente creó lo imposible. Sea un ganador, sea un soñador, ame y celebre la vida, y nunca, jamás, por ningún motivo, termine su vida como el Pobre sr. Smith!

Adriana Maldonado

Consultora Directora

e-mail: adrianamaldonado@zomoz360.com

twitter: @360mars – @Adra_Maldonado

Web: www.zomoz360.com


 

Adriana Maldonado

Consultora Directora de MARS 360° CONSULTORES, C.A. Directora del Eje de Imagen Corporativa, Capacitadora y Consultora Especialista en las área de Imagen Corporativa, ATC y Negocios. Editora de la revista "360° de Visión Empresarial".

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