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“Cómete la Torta de queso y fresas”

Una vez había un niño pequeño, que deseaba comer una torta de queso y fresas. Ese día, cuando despertó vino a su mente una imagen y de pronto, se dio cuenta de que deseaba con muchas ganas comerse, la que encabezaba su lista de dulces preferidos, su torta de queso y fresas. Imaginaba la torta con fresas grandes y rojas, bañadas en un sirope espeso y brillante, que cubría una gran y alta porción blanquecina de queso cremoso, apoyado sobre una capa suave y esponjosa de bizcocho. El niño sentía como se despertaban en sus sentidos, el sabor dulce y delicioso de la torta, sintió en su paladar la textura de las diferentes capas que la componían, de repente notó que su lengua se movía dentro de su boca como si en realidad estuviese comiendo y de pronto, una pequeña gota de saliva se asomó por la comisura de sus labios, siendo esta última, la respuesta física de su cerebro, activado por la IMAGINACIÓN.

Ahora bien, cuando el niño imaginó, no sólo puso en marcha sus procesos bioquímicos del cuerpo, para que respondieran físicamente a un estímulo, sino que además puso en movimiento cada una de las moléculas, átomos y demás partículas que componen nuestro universo. Entendamos que todo cuanto nos rodea y todo cuanto somos es energía, por lo tanto, cada vez que emitimos un pensamiento estamos emanando energía, aunque físicamente nuestros sentidos no lo perciban. Y esta energía es la que mueve todo a nuestro alrededor. Por lo tanto cuando pensamos, pero también sentimos emociones sobre eso que pensamos, estamos enviando una serie de ondas al Universo, que este recoge para poner en acción y movimiento. Y es cuando vivimos circunstancias y situaciones (agradables o desagradables), que forman parte de nuestra vida.

Lo importante de entender, es que sin importar si somos conscientes o no de lo que pensamos, siempre estamos creando. Todo, absolutamente todo lo que nos sucede, es y ha sido producto de nuestra creación. Sí ya sé lo que viene a continuación: “¿Cómo voy a ser yo creador de desgracias y problemas?” Pues lamentablemente sí, así funciona. Por la sencilla razón de que no estamos entrenados ni condicionados, para entender que nuestros pensamientos y emociones diarias, conscientes o no, son los responsables de la vida que llevamos.

Voy a volver a la historia del niño, cuando este niño despertó en él un deseo interno de comer algo que le fascina, no pensó: “¿y de dónde me vino esta idea?” O “¿yo no tengo dinero para comprar una torta de queso?” ni tampoco pensó “¿yo no sé cocinar?”. Simplemente surgió un deseo y comenzó a poner en movimiento su imaginación, pero lo hizo, imaginando el resultado final, que era comerse su torta de queso, no el cómo iba a hacer para conseguirla, y es aquí donde justamente está la clave de crear lo que deseamos.

He leído a muchos autores y en especial, a los que se especializan en el tema de física cuántica, y el punto en común que todos manejan, es que definitivamente son nuestros pensamientos y emociones asociadas, los responsables de crear nuestra realidad, ya que todo esto es energía pura. Cuando imaginamos generalmente estamos pensando y sintiendo, sólo que no somos conscientes de ello, esta combinación nos lleva a que se produzcan una serie de eventos que nos llevarán a un resultado determinado, que a lo largo del tiempo se manifestará en nuestra realidad. Casi nunca prestamos atención, ni recordamos que los eventos y situaciones que estamos viviendo hoy, son el resultado y consecuencia de aquello, que pensamos y sentimos en el pasado, bien sean horas, días, semanas o meses atrás. La combinación de pensamiento y sentimiento, al imaginar un acontecimiento determinado, produce en el Universo el movimiento de diversos aspectos que van a llevar a nuestra vida al punto en el que nos encontramos.

Entiendo que digerir esta idea no es sencillo, ya que hemos estado acostumbrados a creer, que todo lo que sucede en nuestra vida, es producto de la casualidad, del destino o de las acciones lógicas. ¡Pero pensar, que imaginar es lo que ha producido semejante resultado, nunca, eso no es posible, no es verdad y así no funciona! Paradójicamente queremos ser seres libres, independientes, amos de nuestro destino, sin embargo cuando se nos dice, que todo esto ya es posible, puesto que desde el pensamiento que tenemos o desde nuestra imaginación, se gestan todos los eventos que vivimos, eso nos parece absurdo y casi imposible de creer. La razón es muy simple, todo eso implica que debemos hacernos responsables, y no hay nada que nos cause más temor y angustia, que asumir responsabilidad sobre nosotros mismos. Cuando tenemos a un tercero a quien culpar o atribuir las consecuencias de nuestros resultados, nos liberamos de la responsabilidad, nos hacemos víctimas y jugamos el juego de quiero ser libre, pero no me abras la jaula. Es decir, mientras pueda tener el deseo de libertad, sin la libertad, podré seguir culpando a algo o alguien por los resultados que vivo. Siempre podré sacar una excusa de la mochila, para justificar mis circunstancias, situaciones o resultados. Culparé a Dios, la providencia, los ángeles, los astros, el linaje, el signo zodiacal, en fin, todo y todos serán culpables, excepto “yo mismo”.

Fíjense que sencillo y difícil resulta al mismo tiempo. Cuando somos conscientes de la libertad que se nos fue otorgada desde el nacimiento, y entendemos que todo nuestro mundo es consecuencia de una serie de eventos generados e impulsados, por nuestro sentir y pensar, y que incluso la familia en la que nos hemos criado, fue el resultado de un pensamiento (no consciente), se nos hace más difícil crear la realidad que deseamos, es como si saber ahora lo que no sabía antes, en lugar de liberarme me atara, puesto que comienzan a entrar en conflicto la razón y la imaginación. Si hacemos caso única y estrictamente a la razón, se supone que los resultados que tenemos serían predecibles y lógicos, lo evidente sería que sucedieran las cosas como las pensamos, sin embargo ¿cuántas veces aquello que deseamos que suceda no ocurre ni siquiera parecido a cómo la lógica dice que debe ser? Simple, porque alrededor se han sumado, otra serie de eventos asociados que fueron pensados y sentidos en algún momento, y los cuales se están materializando en este preciso instante, sin pedir permiso, sin preguntar si nos parece o no, sin tomarse la molestia de averiguar si estamos o no de acuerdo. Los acontecimientos ocurren y punto, y sólo hasta que llega el momento en que suceden estos eventos, no nos percatamos de que en algún momento lo creamos, conscientes o no de ellos.

Les voy a contar esta historia para dar un ejemplo y graficar la idea. Luis un vendedor de una compañía, tiene una reunión muy importante con el gerente de su división, está esperando esa reunión desde hace semanas, sabe que es crucial, puesto que de esa reunión seguramente se concretará su ascenso a supervisor. A repasado cada palabra que dirá, se ha adelantado a las posibles preguntas que pueda hacerle su jefe, se ha imaginado cada comentario, incluso ha recopilado una lista de chistes que contará a su jefe, ha practicado su conversación frente al espejo cada día, ya tiene el traje que usará, mandó a revisar el carro, para que no tuviera ninguna falla, todo está controlado, todo está ordenado, absolutamente todos los imprevistos han sido revisados con sus posibles soluciones, así que nada puede escapársele; llega la mañana de la reunión, él se levanta muy temprano, toma un baño, se afeita, viste, perfuma y desayuna de forma ligera para evitar situaciones no deseadas, enciende su auto y todo va en orden, llega a la autopista y el tráfico fluye con normalidad, llegó temprano a la oficina por lo que espera ansiosamente a que la secretaria de su jefe le anuncie el llamado a su reunión agendada. Sin embargo, Luis se da cuenta de que van pasando los minutos, las horas y el jefe no lo llama, no ha querido llamar a la secretaria, porque no quiere parecer desesperado, pero ya la preocupación y el estrés se hicieron presentes, después de casi 3 horas, se acerca la secretaria hasta su cubículo para informarle, que tuvo que cancelar todas las citas de su jefe, porque éste tuvo un pequeño accidente y estará de reposo algunas semanas. Luis se queda asombrado y sólo alcanza a decirle que lo lamenta y pregunta si está bien, a lo que la secretaria responde, sí no fue grave, se resbaló en la mañana saliendo de la ducha y se fracturó la pierna, pero como deben operarle para ponerle algunos clavos, deberá pasar algunas semanas de reposo fuera de la oficina. Luego que la secretaria se aleja, comienzan a aparecer en la pantalla mental de Luis, cualquier cantidad de pensamientos, desde por qué tenía que suceder hoy, por qué no se fijó bien al salir de la ducha, por qué no tuvo más cuidado, por qué tal o cuál. Lo que Luis no recuerda, es que en su necesidad de controlar que el resultado se diera cómo él quería y, que sucediera en la forma en que consideraba que debía ocurrir, creó una muy fuerte atmósfera de temor y miedo para que este resultado al final no llegara, en pocas palabras, quiso controlar tanto que al final no controló nada, y es que cuando la ansiedad y desespero por querer que algo ocurra exactamente como creemos que debe ser, termina produciendo el efecto contrario, alejando nuestro deseo y sustituyéndolo por un resultado no deseado, ya que es a ese al que le estamos dando fuerza.

Lo que los seres humanos aún no entendemos, es que ese punto focal, ese objeto de enfoque es exactamente lo que se manifiesta, es decir, en aquello que concentramos nuestra energía, es lo que se sigue produciendo o lo que se va a producir. Normalmente tenemos miedo a que las cosas malas ocurran, pero ¿dónde está precisamente nuestra atención? En las cosas malas, por lo tanto es a eso a lo que le damos fuerza, es eso lo que seguimos repitiendo una y otra vez, esa es la orden que recibe nuestro subconsciente: “esta persona necesita que le pasen cosas malas”, lo gracioso, es que como no somos consciente de ello, empezamos a repartir culpas por todas partes, pasando desde nuestros padres hasta el cosmos, pero si prestáramos verdadera atención a nuestros pensamientos y emociones, entenderíamos que ese resultado es nuestra absoluta creación, y que desde el momento en el que permitimos que miedo y pensamiento se consumaran en una relación, el bebé de la calamidad se hizo a la luz.

Obviamente lo más fácil es negar esta realidad, detractarla y desacreditarla, decir que son cosas de hippies o que la física cuántica es una pseudo-ciencia, que nada de eso es comprobable, que sólo creo en aquello que se puede probar, etc. Pero como bien dice un amigo, da igual si lo creemos o no, lo importante es que así funciona. Las leyes del Universo, incluso aquellas que aún no hemos descubierto o comprendido, no dejan de operar o funcionar, porque estemos o no de acuerdo, siguen su curso y punto. Es como si pretendiéramos que la naturaleza se detenga mientras nosotros ordenamos nuestros asuntos, eso no va a ocurrir, existe una fuerza superior que no entendemos aún, que no conocemos con exactitud y que sobre todo nos asusta, pero que siempre está allí, nos está hablando, nos guía, nos mueve, viene desde un lugar dentro de nosotros mismos, no desde el cerebro, no desde el estómago, no desde las células, sino mucho más profundo, algunos le llaman conciencia pura, espíritu, fuente, y hasta otros le dice corazón, lo cierto es que está allí, es lo que nos hace ser, fue nuestro primer aliento y será el último de esta vida física y consciente, sin embargo, sabemos muy en el fondo, que aunque nunca lleguemos a conocerla del todo, a descubrir su origen, o entender por qué nos hizo vivir en este mundo, está presente y cuando tenemos la humildad, de dejar nuestro Ego a un lado, y nos permitimos escuchar su voz, las cosas más maravillosas comienzan a ocurrir en nuestra vida. Es cuando entran en movimiento los verdaderos milagros.

Si somos capaces de pensar con sencillez, escuchando nuestra voz interior, entenderemos que esta nunca nos fallará. Sólo cuando nuestros sentidos físicos, nos muestran “la realidad”, y nos hacemos conscientes de este aspecto lógico, las cosas se complican, empieza a operar una resistencia que no deja que aquello que si deseamos suceda, sino por el contrario todo lo que no queremos o no nos gusta. Un ejemplo muy común es cuando nuestra cuenta bancaria está casi vacía y tenemos un montón de compromisos pendientes (claro no nos enfoquemos en que eso también lo creamos, sino vayamos al ejemplo puntual), normalmente cuando esto ocurre, en lugar de imaginar la alegría que sentiríamos si tuviéramos dinero en la cuenta, o la paz de poder estar solventes y cumplir nuestros compromisos puntualmente, le damos fuerza al problema, ya que lo que se manifiesta como primer síntoma, es el temor de no poder cumplir, de perder la tranquilidad por el acoso de los acreedores, de que nuestra reputación se manche, etc., de allí se van a sumar la ansiedad, la preocupación, el disgusto, la rabia, la culpa y el estrés; imaginen todas esas emociones dándole fuerza al pensamiento de “NO TENGO DINERO EN MI CUENTA BANCARIA”, ¿qué creen que va a ocurrir? Pues sí, que se va a seguir sin dinero en la cuenta, porque el pensamiento se bloquea frente a la solución, no la ve, sólo ve el problema, y por lo tanto no sucede nada diferente a aquello en lo que nos estamos enfocando, sin embargo cuando en un momento nos rendimos, y de repente decimos, basta ya ni modo, no tengo cómo pagar y no puedo hacer más, he tratado de buscar todas las posibilidades y nada, así que lo dejo en manos de…(lo que para cada quien sea su creencia espiritual), de pronto, aparece una solución, extrañamente y sin explicación lógica algo sucede, de la nada recibimos una llamada, o alguien aparece, o se nos viene una idea tan obvia que no podemos entender cómo no pensamos en eso antes. Bienvenido al mundo de los milagros, porque es justo ahí donde ocurren, cuando acallas tu mente, te relajas y escuchas tu voz interior, esta te guiará hacia la solución o por el camino más conveniente, y así como por arte de magia, las cosas comienzan a suceder.

Creo en mi humilde experiencia, que definitivamente una de las necesidades del Ego (como les llamo yo), que más afecta a los seres humanos, es la de Control-Seguridad-Certeza. El hecho de tener que anticiparnos por temor a un resultado no deseado, así como poder manejar los detalles de que ocurra aquello que deseamos, es lo que nos hace ser tantas veces tan infelices.

Si vemos el mundo con los ojos de la despreocupación y el desapego, cosas extraordinarias y maravillosas ocurren. De hecho si lo pensamos detenidamente, el mundo pertenece a los soñadores, puesto que gracias a ellos que nunca se rindieron y se mantuvieron fieles a sus sueños, hoy disfrutamos de tantas cosas fantásticas. En lugar de enfocarse en el cómo van a suceder las cosas, o todos los obstáculos por los que van a pasar, los soñadores se enfocan en su deseo, sólo imaginan aquello que quieren y lo ven como si ya existiera, esto mis amigos, es crear, pues el hecho de imaginar sintiendo que algo ya es real, es lo que precisamente mueve al mundo. Crear sucede primero e inevitablemente desde la imaginación, y cuando pensamiento y emoción se funden, inevitablemente darán ese resultado. Los soñadores suelen pensar en sus buenos resultados y sin importar el cómo, esto termina sucediendo, en el tiempo que sea, de la forma que sea, pero sucederá.

¿Qué tal si cada uno de nosotros comenzara a hacerse consciente de esta realidad? ¿Qué pasaría si decidiéramos crear solo cosas extraordinarias y maravillosas para nuestra vida, sin dar cabida a los pensamientos limitantes o al control? ¿Cómo sería nuestro mundo si en lugar de temer a un resultado adverso, enfocamos nuestra atención en el resultado deseado?

Deepak Chopra dice que el pensamiento está donde está la atención, por lo tanto en aquello que pongamos nuestra atención se verán nuestros resultados. O como trató de explicar en su experimento del gato Erwin Schrödinger, a través de la paradoja de mecánica cuántica, que establecía la posibilidad de múltiples estados a la vez. Por lo tanto si queremos una vida libre, plena y feliz, solo tenemos que aceptar que ya la tenemos, que ya somos eso que deseamos, que no necesitamos buscarle complejidades. Vivir es entregarse a sentir todo cuanto nos rodea, no desde el cuestionamiento y condicionamiento de los sentidos físicos, sino desde la profundidad de nuestro ser.

Quiero dejar claro que no hablo de convertirnos en irresponsables y vivir como una veleta, sino hacernos responsables aprendiendo a controlar lo único que sí podemos, nuestro pensar consciente, canalizando nuestras emociones para dar fuerza a aquello que deseamos, sin importar lo que aparentemente los sentidos muestren, ya que solo desde allí podremos crear nuevos eventos, diferentes a los que estamos viviendo hoy. No busquemos cambiar afuera lo que debemos cambiar por dentro. No es desde el control externo de situaciones que las cosas van a mejorar, ya que de lo contrario estamos enraizando un resultado que no deseamos.

Albert Einstein decía, que para él la definición de locura sería pretender tener resultados diferentes haciendo exactamente lo mismo. Sin embargo esto es lo que más se repite en el comportamiento humano, queremos cambiar las cosas desde afuera, queremos que la otra persona cambie, que el país cambie, que el mundo cambie, pero no queremos hacernos responsables de ese cambio, aceptando que todos estamos conectados y que somos reacciones en cadena los unos con otros, ya que para que un cambio se genere, alguien debe iniciarlo.

Algo que entendí, es que debemos reaprender a soñar, volver a ser niños en este sentido. Definitivamente soñar o mejor dicho imaginar como un niño, con la libertad, desapego e inocencia que lo hacen ellos, es fundamental si queremos cambiar nuestros resultados, y hay que reconocer que en este tema los niños son verdaderos expertos. Y saben ¿por qué? Porque no se concentran en los obstáculos, ni prevén los posibles escenarios desfavorables, ni tampoco desean controlar el resultado, simplemente imaginan, lo disfrutan, se emocionan y crean, el único inconveniente se presenta cuando comparten su sueño a otros, y estos lo minan y quiebran, con sus miedos y dudas, sobre todo si son adultos, diciéndole cuan poco probable es que ocurra, que eso no es ser realista o que la “gente exitosa” se dedica a trabajar porque solo con acción se logran las cosas (pensar desde el Hacer) no perdiendo el tiempo soñando (pensar desde el Ser).

Escuchando nuestra voz interior, esa que nos guía hacia pensamientos y sentimientos positivos, libres de temores y dudas, es lo que nos permitirá poco a poco modificar esos eventos indeseados en nuestra vida, sembrando nuevas posibilidades. Cuando aprendo a controlar solo lo que depende de mí, que es mi pensamiento y emoción, por consecuencia controlaré que los resultados cada vez sean más cercanos a lo que realmente deseo, porque paradójicamente lo único que sí está claro, es que realmente no existe nada que podamos controlar.

¡Ah! ¡Por cierto el niño sí se comió la torta, sorprendentemente esa misma tarde su abuela llegó de visita, y recordando que era el postre favorito de su nieto, quiso consentirlo llevándole una deliciosa torta de queso y fresas!

Adriana Maldonado

Consultora Directora

e-mail: adrianamaldonado@zomoz360.com

twitter: @360mars – @Adra_Maldonado

Web: www.zomoz360.com


 

Adriana Maldonado

Consultora Directora de MARS 360° CONSULTORES, C.A. Directora del Eje de Imagen Corporativa, Capacitadora y Consultora Especialista en las área de Imagen Corporativa, ATC y Negocios. Editora de la revista "360° de Visión Empresarial".

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